"...Creo en todas las escusas.
Creo en todas las razones.
Creo en todas las alucinaciones.
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones.
Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz."

Creo (fragmento final. J. G. Ballard)
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lunes, 20 de noviembre de 2017

Cambio climático: ¿Tres años para salvar el planeta?

Esto es lo que afirman varios destacados científicos y diplomáticos, entre ellos la ex jefa de la ONU para el cambio climático, a través de una carta abierta dirigida a la comunidad mundial.

Solo nos quedan tres años para salvar el planeta


Lo comunica el Fórum Económico Mundial, también llamado Foro de Davos, un organismo independiente con sede en Ginebra del que forman parte los principales líderes empresariales, políticos e intelectuales, a los que nadie tildaría jamás de ecologistas extremos.

Se trata de una carta publicada recientemente en la revista Nature que suscriben seis destacados científicos y diplomáticos, entre los que destaca Christiana Figueres, antropóloga y economista costarricense que ejerce como secretaria de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En ella se alerta de forma contundente acerca del corto plazo de tiempo que nos queda si realmente queremos revertir los nefastos efectos del cambio climático: concretamente, tres años.

El requisito indispensable para detener sus peores efectos es el ya largamente apuntado por la comunidad científica internacional, y consensuado por (casi) todos en la cumbre de París de 2015: es necesario reducir drásticamente las emisiones de CO2 para el 2020 para lograr que el aumento de la temperatura media del planeta no exceda de los 1,5ºC, máximo 2ºC, en comparación con la que había en la era preindustrial, antes de iniciarse el siglo XX.

La cuestión requiere premura, pues este año las temperaturas han alcanzado cotas jamás registradas en numerosos puntos del planeta: es el tercer año consecutivo en el que se alcanzan patrones que no se registraban desde hace 115.000 años, cuando imperaba una era interglacial y el mar estaba a niveles de entre 6 y 9 metros superiores a los de la actualidad.

Aunque la gravedad de la situación es incuestionable, las reacciones de los gobiernos no están a la altura de las circunstancias y el posicionamiento del común de los ciudadanos, tampoco. Y eso que la cuestión atañe a toda la sociedad humana: aunque en algunos lugares los efectos se estén dejando notar de forma mucho más evidente que en otros, en el planeta Tierra los sistemas naturales están interconectados de forma mucho más sutil de lo que imaginamos, tal y como ya resumió el meteorólogo y padre de la teoría del caos, Edward Lorenz, en la década de los sesenta: "el aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas". ¿Se imaginan lo que puede incidir el aumento de varios grados centígrados de temperatura en el clima global? Un desbarajuste de dimensiones impredecibles.

Hoy, los efectos constatados del cambio climático son muchísimos: cambian los patrones climáticos, se funden los polos, los ecosistemas terrestres y marinos sufren estrés, determinadas enfermedades expanden su área de influencia, los eventos extremos aumentan (ciclones, huracanes, fuegos, sequías, inundaciones…), se incrementa el nivel del mar… y, por el camino, millones de personas y especies de todo tipo ven extraordinariamente limitadas sus oportunidades de sobrevivir.

Hans Otto-Poertner, investigador del instituto alemán Alfred-Wagener de Investigación Marina y Polar y miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), explica que ese calentamiento global, además de detonar o potenciar catástrofes ambientales, cambia los límites térmicos de los organismos, también los del ser humano:

"El aumento de la temperatura media limita la capacidad de trabajar al aire libre. A partir de los 40ºC la fatiga afecta al cuerpo en su totalidad. En muchos lugares ese aumento redunda en la salud de la población y tiene impactos muy negativos en la productividad de los trabajadores", afirma. Muchas comunidades vegetales no resisten ese incremento de la temperatura, como tampoco la ganadería.

"Si no detenemos el aumento de la temperatura media del planeta, algunas áreas de la Tierra se volverán inhabitables, tanto para los humanos como para la mayor parte de mamíferos", señala este ecofisiólogo.

Seis objetivos clave según los investigadores:

1. Energía
Conseguir que en 2050 al menos el 30% del consumo de electricidad provenga de energía renovable, frente al 23,7% contabilizado en el año 2015. No hay plantas de energía a carbón aprobadas más allá de 2020, y todas las existentes están siendo retiradas.

2. Infraestructura
Desarrollar los planes orientados a descarbonizar totalmente los edificios e infraestructuras para 2050, lo que requiere una financiación de 300.000 millones de dólares anuales. Cada año, de media, las ciudades avanzan un 3% anual en ese sentido.

3. Transporte
Asegurarse de que el 15% de todos los vehículos nuevos sean eléctricos, aumentar en un 20% la eficiencia de los combustibles vehículos pesados y disminuir en otro 20% las emisiones por km en el sector de la aviación.

4. Uso de la tierra
Reducir la deforestación y sus emisiones asociadas, hoy el 12% del total mundial, a cero en la próxima década. Convertir la masa forestal en un sumidero de carbono activo en 2030.

5. Industria
Poner en marcha un plan para reducir a la mitad las emisiones antes de 2050. Las industrias intensivas en carbono, como las basadas en el hierro y el acero, en el cemento, en productos químicos y en petróleo y gas, emiten actualmente más de una quinta parte del CO2 del mundo.

6. Finanzas
El sector financiero está reconsiderando la forma en que despliega su capital y está movilizando ya un billón de dólares anuales para combatir el cambio climático. Los gobiernos, los bancos privados y organismos como el Banco Mundial deberán emitir muchos más "bonos verdes" para financiar y alentar los esfuerzos de mitigación del cambio climático.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Objetivos Desarrollo Sostenible 2030 (ONU, septiembre 2015)



Cualquier observador no apasionado de las negociaciones que desembocaron ayer en la nueva agenda global del desarrollo llegará a una conclusión similar: si el cumplimiento de los difuntos Objetivos del Milenio (ODM) ha quedado lastrado de forma grave por la falta de recursos económicos y voluntad política, ¿qué nos hace pensar que una agenda mucho más ambiciosa va a correr mejor suerte? Al fin y al cabo, el despliegue de los 17 monumentales objetivos y sus 169 metas se parece más a una declaración poética de intenciones que a un compromiso firme por corregir los graves desequilibrios sociales y medioambientales del planeta.
Cuando la fanfarria retórica de esta semana haya pasado, la batalla se trasladará a las decisiones políticas y presupuestarias, un campo donde los líderes mundiales han demostrado menos habilidades. Por eso resulta fundamental comprender hasta dónde hemos llegado y cuáles son nuestras posibilidades para los próximos años.
Las noticias más optimistas proceden de algunos de los objetivos clásicos de la vieja agenda de los ODM. Si las cosas continúan como hasta ahora, nuestra generación podrá conocer el fin de la pobreza extrema, los países menos adelantados intensificarán su crecimiento económico y el planeta logrará poner freno a la deforestación. Se trata de logros históricos que pueden desplomar la proporción de quienes viven con menos de 1,25 dólares al día al 3% de la población mundial, lograr niveles de crecimiento económico cercanos al 7% en los países más pobres de África y Asia, o garantizar el comienzo de la repoblación forestal a partir de 2020.
En la categoría más alarmante (recuerden, vamos marcha atrás) destacan algunos objetivos medioambientales críticos, como la lucha contra el cambio climático. Utilizando la información que se presentará en la Cumbre de París dentro de pocas semanas, el informe destaca que los niveles de emisiones en los países más pobres y más ricos se mantienen estables, mientras que en los emergentes BRICS podrían incrementarse hasta un 50%. Junto con la acumulación de residuos sólidos (que podría doblarse en 2025 hasta alcanzar los 6,1 millones de toneladas diarias) y la protección de los entornos marinos (un 90% de los arrecifes amenazados en 2030), el bloque de metas las más directamente ligadas a la sostenibilidad ambiental hace aguas por todas partes.

Fuente: El Pais digital